Nace el proyecto

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Primero decir que estamos en Canarias. Esto es indispensable porque así podrás entender muchas de la cosas que contamos.
En nuestra tierra el agua tiene dueños y se paga a un precio desorbitado, por tanto tener un jardín con césped es un lujo insolidario o incluso una frivolidad. Después de ver durante años como el dinero que invertíamos en riego solo servía para mantener un césped  y algunas plantas ornamentales, una tarde decidimos arrancarlo todo y empezar de cero. 
Tengo la suerte de contar con una pequeñísima familia, pero que se pone las pilas ante cualquier proyecto que planteo. Mas bien me "siguen el royo" por lo insistente que puedo llegar a ser.
Así en en una tarde de verano decidimos que una parte de nuestro precioso jardín, justo la del césped, se transformaría, en un huerto de unos 150 m2.  Y nos pusimos manos a la obra. 
Pudiera parecer algo impulsivo e irresponsable, pero no fue así. Un año antes ya habíamos sido contagiados por el ímpetu y los conocimientos de Rosi y Paco y probado con un pequeño huerto en otra parte del jardín, además de leer todo lo que caía en nuestras manos. Por lo tanto ya sabíamos la dedicación que requería y teníamos los conocimientos básicos para montar nuestro huerto familiar sin productos químicos.
Primero que nada teníamos que arrancar el césped que después de tanto tiempo tenía unas vigorosas raíces y una profundidad  de casi 20 centímetros. Con herramientas de andar por casa y sin maquinaria de ningún tipo arrancó nuestro proyecto que  a partir de hoy en este blog iremos relatando.
Como curiosidad, para que se hagan una idea del nivel de improvisación e ingenio que nos suele caracterizar... ante la dificultad de arrancar el césped, cogimos la motosierra con una hoja desgastada (ya no cortaba ninguna rama) y enterrándola en el césped fuimos cortando cuadrículas de aproximadamente 1x1m, las cuales podíamos levantar como si de una alfombra se tratase.


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